La información puede definirse como la “comunicación o adquisición de conocimientos que permiten ampliar o precisar los que se poseen sobre una materia determinada”. En esta definición se recogen los tres aspectos esenciales de la información, a saber: transmisión, procesado, y almacenamiento. El aspecto de transmisión corresponde a la “comunicación”. También el término “adquisición” puede entenderse como proporcionado por la transmisión: para ello es necesario hacer la abstracción de que el emisor de la señal, de la información comunicada, no es necesariamente un ser consciente. Así, se puede recibir información de un proceso físico. Y, de hecho, desde el punto de vista de entrada de información, el que ésta haya sido transmitida desde una voluntad de proporcionar esa información o no es irrelevante. Por lo que se prescinde de la volición del emisor para conceptualizar el proceso de comunicación, de manera análoga para el receptor. En cuanto al procesado, naturalmente parece implicar una sucesión de estados, que serán anímicos o mentales en un ser vivo o consciente, o meramente estados de un sistema físico. Por lo que a almacenamiento se refiere, las implicaciones físicas de la palabra son evidentes, y más aún en la actual sociedad tecnológica.