La capacidad de asombro siempre se ve rebasada por el incontenible avance tecnológico, que día con día se está experimentando en todos los campos del conocimiento, en una auténtica implosión de comienzos de milenio, como ocurrió hace más de cien años en las postrimerías del siglo diecinueve, cuando invenciones transformadoras como el teléfono, el automóvil, la electricidad y la aviación cambiaron las vidas de las personas y las formas de relaciones y de producción de conocimiento. En los primeros años de este milenio, un conjunto de nuevas tecnologías concebidas a escalas nanométricas parece anunciar lo que será la próxima revolución industrial, la de la manufactura molecular y la de la manipulación de átomo por átomo para crear nuevas estructuras, materiales y componentes que conducirán hacia los ensambladores universales, las nanocomputadoras, los nanorrobots, las máquinas autorreplicantes y toda una nueva generación de productos. Para comprender el impacto futuro de las nanotecnologías es necesario ubicar la escala del nanómetro, que es igual a un billonésimo de metro mucho, mucho más pequeño que un milímetro o una micra, comprensible en los ámbitos de los átomos y las moléculas.